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El oro de América. Galeones, flotas y piratas
El oro de América. Galeones, flotas y piratas

Hollywood miente. Es hora de decirlo a las claras. Las fuerzas de la naturaleza y el inmenso y oscuro mar, más que los piratas o los buques de las naciones con los que se mantenían conflictos, fueron los auténticos enemigos de los barcos cargados de tesoros que cubrían la Carrera de Indias, la extraordinaria ruta marítima que unía los territorios de la Monarquía hispánica a través del océano Atlántico.

El 1493 regresó a la Península la expedición capitaneada por Cristóbal Colón, que anunció el descubrimiento de nuevas islas hacia las Indias. La expansión española en ese nuevo mundo fue rápida. A finales del siglo XVI, transcurridos apenas cien años, las florecientes ciudades de México, Lima y Potosí, a la sombra de ricas minas de metales preciosos, tenían más habitantes que las más grandes de Europa.

Desde 1561 y hasta 1748, para llevar suministros a los colonos y luego llenar las bodegas de plata, oro y ricas mercancías de regreso a España, cruzaron los mares dos flotas anuales. Eran barcos del rey, llenos de riquezas de la Corona y de particulares, por lo que su pérdida era una cuestión de Estado. Lo cierto es que, pese a su número, durante dos siglos y medio, no se perdieron demasiados. Éste es el relato de su épico viaje.

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Las Páginas del Mar
Las Páginas del Mar

A finales de la primavera de 1519, un joven montañés y su hermano de quince años llegan a Sevilla. Atrás quedan meses de vagabundear por tierras de España, alejándose cada vez más de su aldea natal en el norte, trampeando y malviviendo por los caminos. En las tabernas de la hermosa y vibrante ciudad del sur, el único puerto del que parten los barcos con destino al Nuevo Mundo, los muchachos escuchan con avidez los rumores sobre las expediciones que están preparándose en ese momento.

En una de ellas nadie quiere participar. El destino son las islas de las Especias, en el mar de la India, de donde proceden el clavo de olor y la nuez moscada que se pagan a precio de oro en los mercados europeos. Solo los portugueses comercian con ellas, ya que controlan la única ruta marítima conocida para llegar a las islas: la que va por el este. Sin embargo, un marino ha ofrecido al rey Carlos I buscar otra vía: por el oeste, bajando la costa del Nuevo Mundo hasta dar con un paso que les conduzca al mar del Sur.

Embarcarse en esa expedición es una auténtica locura. Aunque tal vez sea la única oportunidad de los dos hermanos para borrar su pista, dejar atrás el pasado y emprender una nueva vida.

El 10 de agosto de 1519, cinco naos al mando de Fernando de Magallanes parten rumbo a lo desconocido. Y en una de ellas, un joven norteño empezará a escribir una historia. La de un niño humilde de una aldea de Liébana, destinado a cuidar de su parcela de tierra, como sus padres y sus abuelos antes que él. Un niño que soñaba con aprender a leer y a escribir, y a vivir con su gran amor… hasta que todo se torció.

«Ni yendo al lugar más lejano puede uno huir de sí mismo.»

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Naves Mancas: La armada española a vela
Naves Mancas: La armada española a vela

Durante el siglo XVII, día tras día, las armadas españolas se veían obligadas a hacer frente a un número cada vez mayor de enemigos, que se multiplicaban de una forma asombrosa. Fue una lucha sorda, difícil y olvidada, en la que las flotas de España, superadas en recursos y fuerza, combatieron con valor logrando, en un esfu erzo titánico, mantener abiertas las rutas con América y Asia, esenciales para la supervivencia de la monarquía y la nación. La instauración de la dinastía borbónica supuso una notable recuperación. Un período brillante en el que mejoraron las técnicas de construcción naval y la recién creada Real Armada pudo, de nuevo, alcanzar el puesto que debía ocupar en el concierto de las naciones.

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Tercios del Mar
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Tercios del Mar

Los Tercios, habitualmente relacionados con Tierra, se suben a los barcos para extender su leyenda. Eso genera unas nuevas experiencias que se van a proyectar en el tiempo y que la autora analiza con detalle. Ese detalle hace que esta sea una obra más bien de consulta que posee numerosa referencia y bibliografía.

El análisis de la organización naval de los Austrias entronca con los Tercios, durante el periodo que estos estuvieron activos, y de su análisis, surgen los que luego se llamarán los Infantes de Marina. Herederos de aquellos Tercios que vieron en jornadas como la de Lepanto o de Salvador de Bahía lo útil de estandarizar, profesionalizar y mantener aquella mezcla tan interesante entre la infantería de élite y la marinería.

Es una lectura amena y de fácil asimilación, la de este libro. Siempre y cuando se establezca como base el interés del lector sobre el tema. Un interés que además debería llevar aparejado cierto conocimiento de la época porque hay continuas referencias históricas, necesarias por otra parte, para encajar el hilo argumental.

Pero no se me echen atrás, porque en realidad esa conexión entre tierra y mar, entre continentes y océanos era el día a día de la Monarquía Hispánica en aquellos siglos, así que entender esto es clave para valorar adecuadamente la magnitud de la obra que aquellos españoles protagonizaron durante más de tres siglos.

Ya solo la introducción, en 13 hojas, nos ayuda a esto a la vez que da medida del trabajo de consulta titánico y complejo de destilar, muy bien resuelto, a nuestro humilde entender. Un hilo argumental sereno y bien armado, con poso, de esos que se tejen con el paso del tiempo, la lectura, la investigación y la reflexión.

No exento de afirmaciones que podrían albergar debates: «Felipe III recibe una monarquía sin vertebración (p.51)», que en todo caso debe ayudar al lector a estar siempre atento y a confiar en sus escritores de referencia pero siempre con ánimo «inquisidor» (confía como comprueba).

Para muestra un ejemplo: En un momento del libro se habla del escorbuto como unos de los grandes problemas de la vida en el mar sin nombrar a fray Agustín Farfán que en 1579 ya publicó sobre cómo tratar esta enfermedad que para los españoles no era un problema (El Galeón de Manila, por poner un ejemplo, cargaba cítricos para evitar esta enfermedad). Y sin embargo sí nombra a James Lind con su tratado sobre esta enfermedad de 1753 y el gran problema que solucionó para la marina real inglesa (¡¡en 1753!!).

No es un libro de exaltación ni de todo lo contrario. De hecho habla de jornadas aciagas (Las dunas, o la Gran Armada), que por otra parte restan valor a lo aportado por los infantes de marina porque no son encuentros donde ellos fueran relevantes. El texto en su conjunto muestra que pese a todas las dificultades (tecnológicas, económicas, logísticas, sanitarias,…) la infantería de marina, los Tercios del Mar, fueron una creación española que ha sobrevivido el paso de los tiempo. Y lo ha hecho porque ha demostrado que sigue siendo útil para la defensa de territorios y mares la combinación integrada de tierra y mar en unos soldados de élite.

 

Recomendable para… Aquellas personas que gusten del siglo XVI y XVII y de los Tercios, que ampliarán su conocimiento sobre cómo se transformaron en Infantes de Marina. También para aquellos que quieran comprender sobre la complejidad de organizar la defensa global de un Imperio que se repartía por todo el mundo, donde continentes y océanos debían analizarse conjuntamente. Muy bien también como libro de consulta, de búsquedas de referencias sobre el tema y para complementario a otras lecturas, pasadas o futuras.

 

El Veedor

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