Los Tercios fueron el primer ejército moderno europeo. Oficialmente creados por Carlos I de España sus orígenes se remontan a las tropas españolas de Gonzalo Fernández de Córdoba en la guerra entre Francia y la Corona de Aragón en la Península Itálica. Aunque en realidad, donde se comenzaron a gestar fue durante el reinado de los Reyes Católicos en la Guerra de Granada, cuando la Reconquista tocaba a su fin…

De Pavía a Rocroi. Los Tercios españoles
De Pavía a Rocroi. Los Tercios españoles

Desperta Ferro Ediciones reedita este clásico imprescindible e imperecedero que plantea un recorrido por la historia de los tTrcios, célebres soldados de infantería de la Monarquía Hispánica, desde sus orígenes y nacimiento en los albores de la modernidad hasta su injustificada transformación con el cambio dinástico a comienzos del siglo XVIII, por su organización, armamento y tácticas, por la vida cotidiana, el espíritu de cuerpo y la disciplina y, por supuesto, por su experiencia de combate ya en los mortíferos campos de batalla, ya en las penosas trincheras de asedio, ya en los traicioneros puentes de las armadas. Y lo hace imprimiendo su sello de marca, dotando a «De Pavía a Rocroi. Los tercios españoles» de vívidas imágenes y detallada cartografía histórica ausentes en la edición original.

Los tercios españoles, de Julio Albi de la Cuesta,fue una obra que recuperó del olvido a “aquellos hombres que fueron tan famosos y temidos en el mundo, los que avasallaron príncipes, los que dominaron naciones, los que conquistaron provincias, los que dieron ley a la mayor parte de Europa”. Ahora Desperta Ferro la reedita porque hay cosas que sencillamente no se deben olvidar.

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El Gran Capitán
El Gran Capitán

Fue el guerrero más noble, más generoso y más puro que haya pisado la tierra. Sus enemigos lo honraron y alabaron con el sobrenombre de Grande, que muy pocos han merecido en la historia. Nació y se crió entre soldados, y la primera vez que aparece en la historia peleaba espada en mano para defender el honor y las vidas de unos judíos conversos. Quiso ser monje, pero el abad lo rechazó porque no era ese su destino. Fue adalid de la frontera y capitán de lanzas en la guerra de Granada. Mandaba y combatía a pie y a caballo, y siempre protegió a sus hombres. Escaló el primero una muralla y estuvo peleando agarrado a una almena. Su buen hacer atrajo la atención de los Reyes que después llevaron nombre de Católicos, que le brindaron su amistad y confianza. El rey Fernando le dio el mando de un cuerpo expedicionario muy pequeño, el primero que salía de España en muchos años, y con él expulsó a los franceses del reino de Nápoles. Vino una paz ficticia, los franceses volvieron a invadir el rearme y Gonzalo volvió a echarlos. Fue amigo de sus amigos, y de sus enemigos; fiel a sus hombres, fiel a sus hombres, a su esposa y a sus reyes. Exhortó al Papa a que llevara una vida ordenada. Regaló un reino a su rey. Por lealtad a su rey renunció a ser rey, y por no servir a otra bandera rehusó las ofertas de Génova, Venecia, del Emperador y del Papa, que lo querían para mandar sus ejércitos. Fue un guerrero elfo y un general excelente. Fue el Gran Capitán.

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Lámina «herencia borgoñona»
Lámina «herencia borgoñona»
Lámina «herencia borgoñona»

En 1473, una elección que cambió la suerte del viejo continente; Carlos de Borgoña, elegía al hijo del emperador Federico III, como esposo de su única hija. Una de las novias más ricas de su época y heredera de las enormes paternidades de su padre. Con el matrimonio del futuro emperador Maximiliano I de Habsburgo y María de Borgoña, los Habsburgo se anexionaban aquel suculento cinturón de territorios diseminados por la Espina Dorsal Europea.

Los Habsburgo sumaban a su posesiones en Alpinas, sus territorios en Austria, Estiria, Bohemia y Hungría, y sus derechos a la elección en el trono del Sacro Imperio, un nuevo ramillete de condados y ducados, que además traían aparejada la titularidad de la dignidad de Gran Maestre y Jefe Soberano de la Orden del Tosisón de Oro. Convirtiendo a los en otra hora irrelevantes señores de Habsburgo, en el linaje hegemónico en Centroeuropa. Algo que iba a convertiría al nieto de ambos, el futuro Carlos V en el nuevo Carlomagno y que junto con los territorios heredaros de su madre, lo transformaría sin lugar a dudas en el monarca más poderoso de su tiempo con uno de los Imperios más extensos de la Historia…

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Lámina «herencia trastámara»
Lámina «herencia trastámara»
Lámina «herencia trastámara»

La Nación española según la Carta de organización de la Cofradía de la Santísima Resurrección en Roma, 1580: «Siendo esta cofradía propria de la Nación española, es necesario que el que huviere de ser admitido a ella sea español y no de otra nación; la qual qualidad de ser español se entiende tener para el dicho effeto tanto el que fuere de la Corona de Castilla, como de la de Aragón, y del reyno de Portugal, y de las islas de Mallorca, Menorca, Cerdeña, e islas y tierra firme de entrambas Indias, sin ninguna distinción de edad, ni de sexo ni de estado».

Isabel y Fernando, a través de una hábil política de casamientos, que continuaron sus herederos, inician el camino para que la Monarquía de España se fundamente sobre múltiples Reinos y territorios. En esta lámina figuran los blasones que conforman buena parte de una monarquía que emerge tras la culminación de la reconquista, las uniones de las coronas de Aragón y Castilla, la posterior del reino de Portugal, junto con la gran epopeya del nuevo mundo. En todos esos territorios emergen con preponderancia la herencia materna de Carlos I sobre la paterna (Círculo borgoñón y el Sacro Imperio)

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«Carlos V y la Liga Esmacalda», Desperta Ferro
«Carlos V y la Liga Esmacalda», Desperta Ferro

La Liga de Esmalcalda fue una unión de príncipes protestantes del Sacro Imperio Romano Germánico que se creó en el siglo XVI para defender sus territorios y luchar contra el Emperador y rey Carlos V, defensor del catolicismo frente a la Reforma luterana. Toma su nombre de una ciudad alemana.

Este es «el comienzo» para entender otras guerras posteriores y muy cercanas geográficamente. La solución a medias de este conflicto conllevó, por una u otra vía, que se reprodujeran otros derivados de éste con más virulencia si cabe.

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1492: La toma de Granada
1492: La toma de Granada
1492: La toma de Granada

En los últimos días de 1491, la Guerra de Granada llega a su fin. Tras casi 10 años de batallas sin tregua, se conquistaría, por fin, el último de los reinos árabes en la Península Ibérica. En el interior de la ciudad de Granada, el Sultán Boabdil «el Chico» negocia, en secreto, la capitulación del reino Nazarí, cuyo anuncio hará que su propio pueblo se levante en armas contra él e intente sabotear las negociaciones. Descubre como se conocieron Gonzalo de Córdoba, el Gran Capitán, y el último rey de Al-Andalus, y qué papel jugó su amistad en el final de la Reconquista. Disfruta de uno de los hechos más relevante ocurrido en un año que cambió la Historia del mundo.

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1525:Pavía
1525:Pavía

El 24 de Febrero de 1525 se libró una batalla en las que las fuerzas hispanogermanas de Carlos V y las francesas de Francisco I se enfrentaron en la ciudad italiana de Pavía.

 

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El Gran Capitán
El Gran Capitán
El Gran Capitán

Título: El Gran Capitán
Autor: Despertaferro Ediciones. Historia Moderna

Con los siguientes artículos

“Italia antes del Gran Capitán” por Giovanni Muto (Università Federico II di Napoli)

En 1441 Alfonso el Magnánimo, tras una larga lucha contra los partidarios de la dinastía de Anjou, conquistó Nápoles; a partir de ese momento el reino napolitano sufrió una metamorfosis y pasó a convertirse en una de las potencias de la península itálica. Sin embargo, ese tiempo de bonanza duró poco tiempo. El tablero político italiano del Renacimiento era extremadamente cruel y las alianzas prontamente se olvidaban para dar paso al enfrentamiento. A la llegada de don Gonzalo Fernández de Córdoba, además un peligro externo se había cernido sobre toda Italia. Cartografía de Carlos de la Rocha. En la imagen, mapa de la península itálica en 1494.

“Los años de formación de Gonzalo Fernández de Córdoba” por Almudena Blasco Vallés (Institut d’Estudis Medievals-UAB)

Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado desde su primera campaña en Italia el Gran Capitán, nació en Montilla en 1453, en el seno de una familia afincada en tierras de La Bética generaciones atrás. Entró a servir en la Casa Real muy joven, pero la mala fortuna le llevó a tener que abandonarla. Sin embargo, las enseñanzas que había aprendido y las nuevas oportunidades que le brindó la Guerra de Granada (1482-1492), además de un parentesco fortuito pero muy provechoso, le permitieron avanzar en la escala social y codearse con los Reyes Católicos y con Boabdil, último rey nazarí. En la imagen, Retrato del Gran Capitán.

“El arte de la guerra y el Gran Capitán” por Eduardo de Mesa Gallego (Fundación Carlos de Amberes)

Las innovaciones militares que puso en práctica don Gonzalo Fernández de Córdoba durante los primeros compases de las campañas de Italia representaron la última evolución del arte de la guerra durante el siglo XV. A partir de ese momento, tanto sus actores como sus formas y medios cambiaron por completo y para siempre. Gracias al Gran Capitán, el mundo contemplaría el nacimiento de la estrategia y la táctica modernas, en las que los infantes españoles hicieron un uso cada vez más extendido de las armas de fuego. Ilustración de José Luis García Morán. En la imagen, Panoplia de un infante español de principios del siglo XVI.

“La primera guerra italiana” por Alberto Raúl Esteban Ribas

Cuando el rey Carlos VIII de Francia firmó el tratado de Barcelona con Fernando el Católico, creyó que así tendría garantizada la paz con Aragón. Poco se imaginaba que su intento de apoderarse de Nápoles iba a iniciar el largo conflicto de las guerras de Italia (1494-1559), que dirimirían el devenir de la lucha por la hegemonía europea por más de dos siglos. La primera campaña empezó con una derrota para don Gonzalo, la única de su carrera, pero, gracias a sus habilidades, tesón y conocimientos militares, logró cambiar por completo la dirección de la contienda. Cartografía de Carlos de la Rocha. En la imagen, mapa de la primera campaña de Italia.

“La segunda campaña: de la conquista de Tarento a la batalla de Ceriñola” por José María Sánchez de Toca

La segunda campaña empezó a consecuencia de las dificultades que se dieron en el reparto del Reino de Nápoles entre Luis XII de Francia y Fernando el Católico, que en muy poco tiempo llevaron a la guerra abierta entre ambas potencias. Durante estas operaciones, el Gran Capitán volvió a poner de manifiesto su facilidad para explotar los medios que tenía a mano y, así, obtener la victoria. El maestro de la estrategia concentró gradualmente sus tropas y, cuando consideró que estaba preparado para la batalla, hizo que el ejército francés se situase donde él quería y atacase. Cartografía de Carlos de la Rocha. Ilustración de ªRU-MOR. En la imagen, El desafío de Barletta.

“La segunda campaña: de las luminarias de Ceriñola a la victoria final en el Garellano” por José Manuel Mollá Ayuso

Don Gonzalo Fernández de Córdoba, tras la victoria en Ceriñola, obtenida con un ejército muy inferior en número pero actuando con principios y procedimientos más propios de décadas futuras, llevó a cabo en el Garellano una larga campaña en la que proyectó todo su genio militar. Jugando otra vez magistralmente con los tempos, la concentración de recursos y la maniobra, volvió a sorprender a propios y extraños en su última acción en Italia. Cartografía de Carlos de la Rocha. Ilustración de Ganbat Badamkhand. En la imagen, mapa de la batalla de Garellano.

“Las cuentas del Gran Capitán, entre el mito y la realidad” por Hugo Vázquez Bravo (Universidad de Oviedo)

El enfrentamiento entre el Gran Capitán y Fernando el Católico, propiciado por la liberalidad del primero para con sus soldados, llegó a su punto álgido cuando ambos personajes se encontraron frente a frente en Nápoles a finales de 1506. De los dimes y diretes durante la entrevista nació el mito de las cuentas del Gran Capitán, mediante las cuales el general español ridiculizó la petición regia de hacerle justificar sus gastos militares. Sin embargo, como en toda leyenda, la tradición tiene algo de verdad. En la imagen, El Gran Capitán recorriendo el campo de la batalla de Ceriñola.

Introduciendo el n.º 20, “JEB Stuart y la controversia de Gettysburg” por Jeffry D. Wert

Tras la retirada desde Gettysburg, fueron pocos los confederados que atribuyeron la derrota táctica y las elevadas bajas sufridas a las proezas combativas del ejército unionista del Potomac, y muchos oficiales y hombres culparon de lo sucedido a sus altos mandos. Ni el propio Robert E. Lee se libró de las críticas y, aunque hubo acusaciones para cada uno de los jefes de cuerpo –James Longstreet, Richard S. Ewell y Ambrose Powell Hill–, gran parte de las condenas iniciales recayeron sobre el comandante de la caballería, el general James Ewell Brown “JEB” Stuart. De hecho, es muy probable que la censura contra este fuera la más extendida. Cartografía de David Sancho Bello. Ilustración de Don Troiani. En la imagen, JEB Stuart a caballo.

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La batalla de Pavía
La batalla de Pavía
La batalla de Pavía

La batalla de Pavía es el símbolo del fin de un forma de hacer la guerra y también de una época. La mañana del 24 de febrero de 1525, en el extenso parque ubicado al norte de la ciudad –antiguo coto de caza de los duques de Milán–, la caballería pesada francesa, la mejor fuerza militar de Europa, fue masacrada en pocos minutos por infantes españoles equipados con arcabuces. El arma de fuego, que tres años atrás, en Bicoca, ya había sentenciado a las pesadas falanges suizas, demostraba de nuevo su primacía. Se inauguraba el reinado de lo que, pocos años más tarde, sería bautizado como Tercio. En paralelo, el apresamiento en el campo de batalla de Francisco I de Francia marcó un nuevo hito en el duelo que libraba éste con el Carlos I de España.

Si bien la batalla Pavía no supuso el fin de la Guerra de los 4 reyes (Francisco I y Carlos I, primero, y Enrique II y Felipe II, después), sí que dejó el Ducado de Milán bajo la corona española de forma definitiva. La Monarquía de España añadía la otra joya, junto con los Países Bajos, a su corona. Su dos territorios más preciados.

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El Gran Capitán ecuestre
El Gran Capitán ecuestre

Con él empezó todo. Don Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515) consiguió numerosos triunfos y condecoraciones sirviendo a los Reyes Católicos como Capitán General de los Reales Ejércitos de Castilla y Aragón, Capitán General de la compañía expedicionaria al Nápoles y Lugarteniente General de Apulia y Calabria. Su mando fue determinante en la Guerra de Granada, en las Guerras de Italia en la Guerra Turco-veneciana. Su manera de entender el arte de la guerra llevaría a las reformas necesarias en el ejército que propiciarían la creación de los Tercios.

Con este currículum, ¿cómo va a faltar entre tus favoritos viniendo como viene, además, a caballo?

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El Gran Capitán, Fernández de Córdoba
El Gran Capitán, Fernández de Córdoba

Con él empezó todo. Don Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515) fue Capitán General de los Reales Ejércitos de Castilla y Aragón, Capitán General de la compañía expedicionaria al Nápoles y Lugarteniente General de Apulia y Calabria sirviendo a los Reyes Católicos. Su mando fue determinante en la Guerra de Granada, en las Guerras de Italia en la Guerra Turco-veneciana. Su manera de entender el arte de la guerra llevaría a las reformas necesarias en el ejército que darían lugar a las coronelías que, a su vez, propiciarían la creación de los Tercios.

Siendo, como es, prácticamente el padre de los Tercios… ¿Cómo va a faltar en tu vitrina?

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