Entrevista a Álber Vázquez, autor de «El adelantado Juan de Oñate»

«tengo cuarenta y nueve años, pocos estudios y demasiados oficios. Así me ha ido.». Así se describe inicialmente Álber Vázquez en su web, aunque también es verdad que un poco antes dice: «¿Quién diablos escribe sobre sí mismo en positivo? No existe género más absurdo que la autobiografía, por el amor de Dios… » Estas dos referencias ya nos induce a pensar que Álber es una de esas personas con las que no te vas a aburrir ni hablando con ella mientras te tomas una cerveza, ni leyendo sus libros.

Hemos leído y visto en tu web ( http://albervazquez.com/ ) que no le haces ascos a ningún género, pero dices que te gusta especialmente el de la novela histórica. Dentro de ese ámbito has desarrollado, entre otras épocas, la conquista de Norteamérica y, más concretamente, la conquista española de la zona que pertenece hoy a los Estados Unidos,

P: ¿Por qué has elegido escribir sobre las relaciones entre las naciones indias y los españoles?

Álber Vázquez: Porque tuvieron lugar, me parecen apasionantes y nadie las trata en profundidad. Yo, modestamente, intento hacerlo. Estamos habituados a conocer el suroeste de los EEUU a través de las películas americanas, principalmente el western. Y no nos damos cuenta, o no sabemos, que los españoles hicimos exactamente lo que se cuenta en esos relatos, pero cien o doscientos años antes. Los angloamericanos podrían haber aprendido muchísimo de la experiencia española. Lejos de hacerlo, la ignoraron y comenzaron de cero. Eso sí, dejando de lado la característica esencial de la colonización española: el mestizaje.

P: y hablando en concreto del libro ¿Por qué escoges a Juan de Oñate como protagonista? No es de los más conocidos…

AV: No es demasiado conocido… en España. En otros lugares, como en Nuevo México o Texas, sí que lo es. Y tuvo una vida inmensa, apasionante, repleta de aventuras. Cuando yo me topo con algo así, se me hace muy difícil no investigarlo a fondo para después narrarlo.

P: ¿Qué impacto crees que pudo tener la expedición del Adelantado Juan Oñate en las naciones indias que conoció?

AV: Muy escaso. Los conquistadores son siempre pocos y su capacidad de influencia, por sí mismos, es minúscula. Son las circunstancias y las alianzas que entablan las que multiplican por mil su acción conquistadora. En ese sentido, la actividad de Oñate es prototípica de un conquistador medio: observa y estudia a los nativos, descubre que unas naciones están en guerra con otras y se alía con unas para someter a las otras. Oñate no inventa nada nuevo. Si acaso, lo pone en marcha con naciones distintas. Y, por supuesto, se topa con los nativos indoblegables por excelencia: los apaches.

P:Juan de Oñate, hombre con estatus, poder y dinero, deja la comodidad y la seguridad de su hacienda y emprende esta nueva conquista donde arriesga mucho de lo que tiene. Principalmente su vida (y la de su hijo). No fue el único conquistador que lo hizo ¿Por qué crees que lo hacían?. Si es que se puede generalizar...

AV: He reflexionado mucho en torno a esto y no resulta sencillo meterse dentro de la cabeza de hombres como aquellos. Oñate, como dices, no necesita explorar ningún territorio. Pero lo hace. Y recorre distancias increíbles, más de medio continente norteamericano, a lomos de un caballo y vestido con morrión y armadura. ¿Por qué? Por el ansia de conocer, de ir más allá, de comprender la parte del mundo que desconocemos. Se trata de una pulsión última que está en nuestro ADN humano: queremos saber qué hay más allá.

Has utilizado un lenguaje actual y desenfadado para tu libro. También en las conversaciones de los protagonistas.
P: ¿Qué te hizo decidir por un lenguaje actual y no por uno más «de época»? ¿qué es lo que buscas transmitir?

AV: Porque el lenguaje de época que aparece en las novelas es inventado. Podría haberlo utilizado, pero me he inclinado por hacer que los personajes hablen en castellano actual. Hemos de tener en cuenta que sabemos cómo escribían aquellas gentes, pero no cómo hablaban. Por mucho que algunos se empeñen en creer que sí, no, no sabemos cuál era su habla cotidiana. Yo tiendo a imaginarla sin engolamientos absurdos que no tienen sentido cuando hombres como estos hablan.

Improvisación, intuición, son adjetivos que utilizas para definir la manera de tomar decisiones de los españoles. La improvisación se puede tomar desde el lado positivo o del negativo. Es improvisación la del «chapuzas» y es también improvisación la del músico de jazz, por ejemplo y tienen poco que ver.
P: Aquellos conquistadores ¿que tipo de improvisación utilizaban? ¿crees que los españoles de ahora, hemos heredado esas características?

AV: Sí, claro que las hemos heredado, y me parece una de las características más sobresalientes de la españolidad: la capacidad de adaptarse al instante con los recursos al alcance. El español no se paraliza, sino que improvisa y sale adelante. Los conquistadores improvisan de continuo, pero porque se están enfrentando a circunstancias completamente novísimas. No podría ser de ninguna otra forma. La capacidad adaptativa de los españoles a lo largo de la historia merece un análisis aparte. A diferencia de otras naciones que exploran y conquistan, como los ingleses, los franceses o los holandeses, los españoles son creativos e innovan de continuo. El mestizaje desprejuiciado es una consecuencia de esto. La asunción de que los indios son seres que también tienen derechos, otra.

El Imperio Mexica o el Imperio Inca era muy jerárquico. Las naciones indias estaban atomizadas y hacían gala de una rivalidad encarnizada entre ellas.
P:¿Cómo explicas que los españoles pudieran imponer su autoridad sobre estructuras tan dispares?

Por ese espíritu creativo del que hablo. Los conquistadores, históricamente, son muy pocos. Unos cuantos miles. Pero conquistan un continente entero en cuestión de décadas. Un continente repleto de naciones indígenas armadas. ¿Cómo lo consiguen? De nuevo, observando lo que tienen delante, estableciendo alianzas con unos para enfrentarse a otros. Los españoles luchan lo justo y tampoco disponen de ventajas tecnológicas (armas y caballos) o mágicas (casi nadie los toma por dioses, como se suele afirmar). Sin embargo, comprenden la complejidad de un mosaico sociocultural diverso. Y actúan en consecuencia. Y son, una vez más, creativos. El ejemplo más claro sería el de Pizarro, que con 168 hombres doblega a un ejército de más de 30.000 guerreros. Pero es que Pizarro y los suyos saben utilizar lo poco que tienen de una manera sobresaliente.

Es una pena que no se tenga constancia física de Quivira y de otras ciudades creadas por naciones indias de aquella época
P:¿Crees que resta valor al hecho de que España gobernara aquellas territorios?

AV: No, en absoluto. Quivira es un reino mítico y, como todos los reinos míticos, mejor que permanezca en la sombra de la historia. Lo que sí deberíamos contribuir a rescatar es la parte española de la colonización norteamericana. En México y EEUU existen numerosos restos arqueológicos de presidios (fuertes) españoles. Los excavan y estudian las universidades estadounidenses y pienso que no estaría mal que nosotros comenzáramos también a catalogar ese patrimonio que es nuestro.

 

Con unas pocas respuestas se materializa en nuestro ánimo la sensación de que Álber transmite de una manera sencilla y directa aquello que otros convierten en un caracoleo sin sentido. Su libro tiene mucho de eso, de transmitir para que te hagas una idea precisa de cómo paso a paso, hasta con cierta rutina, y solo siendo conscientes muy puntualmente, los españoles del aquel inicio del siglo XVII cambiaban Norteamérica para siempre.

El Inquisidor

 

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