«Carlos V y la Liga Esmacalda», Desperta Ferro

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Título: Carlos V y la Liga Esmacalda.
Autor: Despertaferro Ediciones. Historia Moderna
La Liga de Esmalcalda fue una unión de príncipes protestantes del Sacro Imperio Romano Germánico que se creó en el siglo XVI para defender sus territorios y luchar contra el Emperador y rey Carlos V, defensor del catolicismo frente a la Reforma luterana. Toma su nombre de una ciudad alemana.

Este es «el comienzo» para entender otras guerras posteriores y muy cercanas geográficamente. La solución a medias de este conflicto conllevó, por una u otra vía, que se reprodujeran otros derivados de éste con más virulencia si cabe.

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Montaña Blanca 1620
Montaña Blanca 1620

El 8 de noviembre de 1620 se libró en una colina a las afueras de Praga, la Montaña Blanca, una de las batallas mas decisivas de la historia de Europa central. El ejército de los Estados protestantes de Bohemia y Moravia, con el apoyo de tropas alemanas, transilvanas y mercenarios oriundos de toda la Europa protestante,se enfrentó a las fuerzas del emperador Fernando II, que contaba con el valioso apoyo de Felipe II de España y la liga católica alemana liderada por el duque Maximiliano de Baviera. Un siglo después del inicio de la reforma de Lutero, católicos y protestantes creían que el enfrentamiento definitivo había llegado. Decenios de pequeñas disputas atenuadas por una política de apacigüamiento desembocaron en un estallido dramático de la tensión acumulada cuando, el 23 de mayo de 1618, un grupo de nobles bohemios protestantes arrojó por una ventana de la cancillería de Bohemia a dos representantes de la corona y a su secretario,todos ellos católicos.Comenzaba así una revuelta que sucumbía, dos años y medio después, a las puertas de Praga. El triunfo imperial en la batalla de Montaña Blanca no sólo restableció plenamente el catolicismo en el reino de Bohemia en todo su esplendor ante el ascenso a Austria comos del desenlace de las guerras Husitas en el siglo XV, sino que a su vez se marcó el inicio del ascenso de Austria como gran potencia en Europa central.

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«Richelieu contra Olivares», Francia en la guerra de los treinta años
«Richelieu contra Olivares», Francia en la guerra de los treinta años
«Richelieu contra Olivares», Francia en la guerra de los treinta años

Título: Richelieu contra Olivares
Autor: Despertaferro Ediciones. Historia Moderna

¿Por qué comprarla? La guerra de los treinta años, junto con la I y la II Guerra Mundial, ha sido, seguramente, la guerra más decisiva de cuantas se han desarrollado en suelo europeo. Aunque no fuera una guerra mundial sí lo fue global. La primera de la historia. Conoce todos los detalles de la presencia francesa en ese episodio tan relevante del siglo XVII.

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«Los Tercios (IV) America ss XVI – XVIII», Desperta Ferro
«Los Tercios (IV) America ss XVI – XVIII», Desperta Ferro
«Los Tercios (IV) America ss XVI – XVIII», Desperta Ferro

Título: Especial «Los Tercios (IV) America ss XVI – XVIII»
Autor: Despertaferro Ediciones. Historia Moderna

Los reinos de las Indias occidentales en la Monarquía Hispánica por José Javier Ruiz Ibáñez (Universidad de Murcia)

Uno de los elementos que llama más la atención en la expansión imperial ibérica es la rapidez con que se asentó en América el sistema administrativo de la Corona, así como la estabilidad de su dominio sobre unos espacios cuyo control político y militar parecía extremadamente difícil debido a su extensión. Entre finales de la década de 1510 y principios de la de 1560, españoles y portugueses habían consolidado las grandes líneas de su posición en lo que llamaban Indias Occidentales, que perdurarían sin mayores interrupciones, al menos, hasta el siglo XIX.

Las peculiaridades de la guerra en América por Davide Maffi (Università de Pavia)

Tras la rápida conquista de los viejos imperios amerindios, la Corona española tuvo que hacer frente a dos tipos de guerra en el nuevo continente: la primera, la clásica guerra colonial contra de las tribus indias que todavía resistían a los conquistadores en el corazón de América; la segunda, una guerra defensiva para poder hacer frente a las incursiones de las otras potencias europeas y a los ataques de los corsarios y piratas a los nuevos centros caribeños y de la costa.

El sistema defensivo americano durante los siglos XVI y XVII por Rafal Reichert (Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas)

Desde 1522, cuando el corsario francés Juan Florín asaltó en las cercanías de las islas Azores los barcos cargados de tesoros de la conquista de Tenochtitlán, el mundo europeo “comprobó” las leyendas que corrían sobre las grandes riquezas del Nuevo Mundo, provocando así el interés de Francia, Inglaterra, así como de la rebelde Holanda. Al concluir la primera etapa de la conquista, Carlos V ordenó la organización de las primeras unidades de autodefensa, obligando a los vecinos de puertos y villas de la América española a que “tomasen las armas e hiciesen ejercicios militares organizados en milicias”.

La guerra chichimeca: cuando “a fuego y sangre” no lo es todo por Alberto Raúl Esteban Ribas

Más allá del Cem Ānáhuac existían unas tierras áridas, duras como sus pobladores, tribus de cazadores y recolectores, que defendieron su libertad y modo de vida en un terrible conflicto que duró más de cuarenta años. La penetración hispana motivó una agresiva política hacia las tierras norteñas; un primer intento, llevado a cabo en 1528-1531 por Nuño de Guzmán, desembocó en la Guerra del Mixtón (1541-1551), que demostró la resistencia de caxcanes y zacatecos así como las enormes dificultades que padecieron los españoles en un entorno como el mesoárido mexicano.

Milicias indígenas en la América colonial por Raquel Eréndira Güereca Durán (Universidad Autónoma de México)

Las milicias indígenas desempeñaron diversas funciones ofensivas y defensivas. Entre las primeras, destaca su participación en las entradas para vencer la resistencia de los indígenas no sometidos y expandir los dominios del rey. Tocaba a estas milicias participar también en las entradas para castigar a aquellos indios insumisos que habitaban más allá de la frontera hispana. En este sentido, fue de vital importancia el auxilio prestado en la lucha contra el enemigo extranjero. Las milicias guaraníes participaron con frecuencia en el desalojo de portugueses, que ingresaban ilegalmente en territorio español, estableciendo vaquerías o pequeños poblados fortificado También fue común que estas fuerzas fueran empleadas para perseguir y castigar a los indios “domésticos”, aquellos ya integrados en el sistema colonial, que organizaban tumultos, rebeliones o cometían delitos menores, como el robo de ganado o el asalto a viandantes en caminos solitarios.

Los castillos “de morro” y la fortificación de la frontera marítima hispánica por Fernando Cobos Guerra

A finales del siglo XVI, Felipe II, como rey de Castilla, Aragón y Portugal, decide trasladar al Atlántico y a las costas de América específicamente, un sistema global de fortificaciones cuyas bases estratégicas y técnicas habían sido ya desarrolladas y probadas en el Mediterráneo. Este sistema partía de unas necesidades de ubicación y de una estrategia de defensa que condicionaron de tal manera el modelo de fortificaciones a construir que, aun siendo todas distintas por su proverbial adaptación al terreno, son perfectamente reconocibles como tipo. Llamados algunas veces castillos “de morro”, fueron durante más de 200 años la más eficaz arma defensiva del Imperio marítimo español.

La guerra de Chile en el siglo XVII por Hugo Contreras Cruces (Pontífica Universidad Católica de Chile)

La mañana del 24 de diciembre de 1598 no empezó bien para los españoles que habitaban las ciudades del sur de Chile. Un sorpresivo ataque en los campos de Curalaba, una localidad cercana a la ciudad de Purén, sorprendió al gobernador don Martín García Óñez de Loyola. Este, quien había capturado al último inca de Vilcabamba, Túpac Amaru, y desposado a doña Beatriz Clara Coya, una joven heredera indígena perteneciente a la antigua elite cuzqueña, fue muerto junto con los cincuenta soldados que le acompañaban. Con dicho triunfo comenzó la más grande y violenta rebelión indígena de la que los españoles tuvieran memoria desde que arribaron a Chile en 1540.

El componente humano en la defensa de Indias por Antonio José Rodríguez Hernández (UNED)

El modelo de ejército presente en América fue diferente del más habitual y conocido. En realidad no fueron demasiados los reclutas enviados a América en todo este periodo, debido a que no existió un gran ejército profesional y de intervención, con miles de efectivos, al estilo de los que la Monarquía Hispánica disponía en Europa, como el de Flandes. El sistema existente fue acorde a los riesgos reales y a las posibilidades económicas de España, asolada por numerosos enemigos. Sí que hubo soldados profesionales, pagados por el rey y movilizados todo el año, pero la mayoría de ellos se encontraban en guarniciones estáticas que aglutinaban unas pocas compañías, como mucho de varios centenares de hombres, repartidas por todo el continente, y que, al igual que en España, Italia o África, se denominaban “presidios”.

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«Lepanto», Desperta Ferro Ediciones
«Lepanto», Desperta Ferro Ediciones
«Lepanto», Desperta Ferro Ediciones

Título: Lepanto
Autor: Despertaferro Ediciones. Historia Moderna

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Spinola y la Guerra de Flandes, Desperta Ferro
Spinola y la Guerra de Flandes, Desperta Ferro
Spinola y la Guerra de Flandes, Desperta Ferro
En 1604 concluía, tras más de tres años de lucha, el costoso asedio de Ostende, una verdadera sangría humana y económica que dejaba al borde del agotamiento, tras un cuarto de siglo de combates incesantes, tanto a la Monarquía Hispánica como a las Provincias Unidas. La Guerra de Flandes se había convertido ya en una contienda de asedios y, sobre todo, de desgaste. El frente no experimentaba cambios importantes desde hacía más de un lustro y los recursos escaseaban para ambos bandos. Entonces entró en escena Ambrosio Spínola, un rico aristócrata de la República de Génova que, hastiado de la tediosa vida del patricio comercial, puso todo su talento y su fortuna al servicio de la Monarquía Hispánica. Al mismo tiempo, un noble flamenco, Philippe de Croÿ, conde de Solre, presentaba a los archiduques Alberto e Isabel, en Bruselas, un meticuloso plan bélico que debía romper el empate y obligar a las Provincias Unidas a sentarse a la mesa de negociaciones. De Bruselas, el plan pasó a Madrid, donde obtuvo el visto bueno de Felipe III. Spínola y Solre, con quienes nadie contaba de antemano, cambiaron el curso de una guerra enquistada. El eje de los combates se trasladó de las dunas flamencas y el Brabante densamente fortificado a la retaguardia holandesa. Con una capacidad de maniobra inédita y que marcaría todas sus campañas, Spínola cruzó el Rin y apareció de improviso en la región de Frisia, donde reabrió un frente que los rebeldes creían cerrado. Sir John Throckmorton, un oficial inglés que militaba bajo la bandera las Provincias Unidas, resumió mejor que nadie el golpe de efecto de Spínola “El enemigo no solo nos ha enseñado una nueva lección sobre la guerra, sino también una audacia inusual”. A lo largo de dos campañas, en 1605 y 1606, el genovés se anticipó, una y otra vez, a su adversario por antonomasia, Mauricio de Nassau, y logró robustecer lo suficiente la posición de los Habsburgo como para que en La Haya se aceptase una suspensión de armas que sería la base de la Tregua de los Doce Años, un respiro bienvenido por ambos bandos y sus mermadas finanzas.
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Los Tercios (V). Asia, ss. XVI-XVII, Desperta Ferro
Los Tercios (V). Asia, ss. XVI-XVII, Desperta Ferro
Los Tercios (V). Asia, ss. XVI-XVII, Desperta Ferro
Las Indias orientales, un universo tan exótico como difuso en el imaginario europeo del medioevo, fueron la quimera que desató la Época de los descubrimientos. En pos de las ricas especias, avezados marinos ibéricos exploraron aquellos vastos confines, donde, al igual que en América, el Tratado de Tordesillas estableció los límites de las zonas de influencia española y portuguesa. Con eje en las islas Filipinas, la frontera más lejana del imperio donde no se ponía el sol, la España de los Austrias afirmó en Asia una presencia que tendría ramificaciones hacia China, Japón, Indonesia y el sudeste Asiático, sin olvidar las islas del Pacífico y los territorios portugueses del Estado da Índia –de Ormuz, en el golfo Pérsico, hasta Macao– durante los sesenta años de Unión Ibérica. Los gobernadores y soldados de la Monarquía Hispánica hallaron, en aquella dilatada frontera, desafíos inéditos y enemigos muy distintos, desde temibles piratas chinos y japoneses hasta nativos irreductibles como los moros de Mindanao y los familiares corsarios de las Provincias Unidas, que querían fundar su propio imperio. La extensa geografía y la multiplicidad de islas hacían, además, de las fuerzas navales, un elemento indispensable. España construyó presidios y astilleros, reclutó tropas entre los nativos filipinos que prestaron valiosos servicios –caso de los cagayanes y, en especial, de los pampangos– e hizo un esfuerzo sostenido por extender su presencia en Asia con expediciones tan asombrosas como la que llevó a un puñado de aventureros a intervenir en la sucesión a la corona del reino de Camboya, o de tal envergadura como la que expulsó a los holandeses de las ansiadas Molucas, en 1606, por medio de la mayor armada y el mayor ejército españoles organizados en Asia en los siglos XVI y XVII.
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