El Gran Capitán ecuestre

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Con él empezó todo. Don Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515) consiguió numerosos triunfos y condecoraciones sirviendo a los Reyes Católicos como Capitán General de los Reales Ejércitos de Castilla y Aragón, Capitán General de la compañía expedicionaria al Nápoles y Lugarteniente General de Apulia y Calabria. Su mando fue determinante en la Guerra de Granada, en las Guerras de Italia en la Guerra Turco-veneciana. Su manera de entender el arte de la guerra llevaría a las reformas necesarias en el ejército que propiciarían la creación de los Tercios.

Con este currículum, ¿cómo va a faltar entre tus favoritos viniendo como viene, además, a caballo?

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El Gran Capitán, don Gonzalo Fernández de Córdoba, en versión ecuestre Playmobil Custom.

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«No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente». Seguramente ya sepáis de quien estamos hablando: Diego Alatriste, pero ahora en versión ‘custom’. Este personaje tiene revolucionado a todo amante del siglo XVII  por lo heroico de sus hazañas y lo crudo de la realidad que vive. En todo caso un perfecto acicate para profundizar en el Siglo más apasionante de la Historia de España (con permiso del XVI, y del XVIII. Bueno también del XIX, y del XX, y del …)

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Dúo custom compuesto por un pirata y un aguerrido infante de marina español. El pack incluye un cañón.

Los infantes de marina de España eran los verdaderos enemigos de los piratas en aquellos mares del Caribe desde el siglo XVI a finales del siglo XVIII (y no los ingleses, que les dieron cuartelillo hasta bien entrado el siglo XVIII y solo cuando también empezaron a atacar el comercio inglés…).

Incluye los accesorios que están en la fotografía.

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El 24 de Febrero de 1525 se libró una batalla en las que las fuerzas hispanogermanas de Carlos V y las francesas de Francisco I se enfrentaron en la ciudad italiana de Pavía.

 

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Mosquetero de los Tercios de Flandes, playmobil Custom, con sus inconfundibles «apóstoles» que llevaban la pólvora necesaria para un disparo de mosquete. El pesado mosquete al hombro y la horquilla en la otra mano. Poco a poco el mosquete fue tomando el relevo al arcabuz hasta hacerse dueño y señor de los campos de batalla.

Fue a partir de la década de 1560-70 que se introdujo de una manera definitiva el mosquete en el ejército, un arma superior al arcabuz que sólo había sido utilizada en la defensa de plazas. Concretamente, en 1567 el duque de Alba lo hizo adoptar a las unidades que llevó desde Milán a Bruselas en su recorrido por El Camino Español. Se pensaba que era un arma demasiado pesada para la infantería y hasta entonces no se había pensado distribuirlo a los infantes por parecer que la carga sería excesiva. Alba ordenó que cada compañía, fuese de piqueros o de arcabuceros, contase con quince mosqueteros.

Al ser más pesados y ser su cañón más largo que los de los arcabuces, necesitaba de una horquilla de sobre la que se apoyaba para apuntar. Este inconveniente era ampliamente compensado por sus mejores prestaciones en lo que se refiere a alcance, capacidad de penetración y calibre. (El modelo exacto de arma puede cambiar).

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El Gran Capitán
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El Gran Capitán

Título: El Gran Capitán
Autor: Despertaferro Ediciones. Historia Moderna

Con los siguientes artículos

“Italia antes del Gran Capitán” por Giovanni Muto (Università Federico II di Napoli)

En 1441 Alfonso el Magnánimo, tras una larga lucha contra los partidarios de la dinastía de Anjou, conquistó Nápoles; a partir de ese momento el reino napolitano sufrió una metamorfosis y pasó a convertirse en una de las potencias de la península itálica. Sin embargo, ese tiempo de bonanza duró poco tiempo. El tablero político italiano del Renacimiento era extremadamente cruel y las alianzas prontamente se olvidaban para dar paso al enfrentamiento. A la llegada de don Gonzalo Fernández de Córdoba, además un peligro externo se había cernido sobre toda Italia. Cartografía de Carlos de la Rocha. En la imagen, mapa de la península itálica en 1494.

“Los años de formación de Gonzalo Fernández de Córdoba” por Almudena Blasco Vallés (Institut d’Estudis Medievals-UAB)

Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado desde su primera campaña en Italia el Gran Capitán, nació en Montilla en 1453, en el seno de una familia afincada en tierras de La Bética generaciones atrás. Entró a servir en la Casa Real muy joven, pero la mala fortuna le llevó a tener que abandonarla. Sin embargo, las enseñanzas que había aprendido y las nuevas oportunidades que le brindó la Guerra de Granada (1482-1492), además de un parentesco fortuito pero muy provechoso, le permitieron avanzar en la escala social y codearse con los Reyes Católicos y con Boabdil, último rey nazarí. En la imagen, Retrato del Gran Capitán.

“El arte de la guerra y el Gran Capitán” por Eduardo de Mesa Gallego (Fundación Carlos de Amberes)

Las innovaciones militares que puso en práctica don Gonzalo Fernández de Córdoba durante los primeros compases de las campañas de Italia representaron la última evolución del arte de la guerra durante el siglo XV. A partir de ese momento, tanto sus actores como sus formas y medios cambiaron por completo y para siempre. Gracias al Gran Capitán, el mundo contemplaría el nacimiento de la estrategia y la táctica modernas, en las que los infantes españoles hicieron un uso cada vez más extendido de las armas de fuego. Ilustración de José Luis García Morán. En la imagen, Panoplia de un infante español de principios del siglo XVI.

“La primera guerra italiana” por Alberto Raúl Esteban Ribas

Cuando el rey Carlos VIII de Francia firmó el tratado de Barcelona con Fernando el Católico, creyó que así tendría garantizada la paz con Aragón. Poco se imaginaba que su intento de apoderarse de Nápoles iba a iniciar el largo conflicto de las guerras de Italia (1494-1559), que dirimirían el devenir de la lucha por la hegemonía europea por más de dos siglos. La primera campaña empezó con una derrota para don Gonzalo, la única de su carrera, pero, gracias a sus habilidades, tesón y conocimientos militares, logró cambiar por completo la dirección de la contienda. Cartografía de Carlos de la Rocha. En la imagen, mapa de la primera campaña de Italia.

“La segunda campaña: de la conquista de Tarento a la batalla de Ceriñola” por José María Sánchez de Toca

La segunda campaña empezó a consecuencia de las dificultades que se dieron en el reparto del Reino de Nápoles entre Luis XII de Francia y Fernando el Católico, que en muy poco tiempo llevaron a la guerra abierta entre ambas potencias. Durante estas operaciones, el Gran Capitán volvió a poner de manifiesto su facilidad para explotar los medios que tenía a mano y, así, obtener la victoria. El maestro de la estrategia concentró gradualmente sus tropas y, cuando consideró que estaba preparado para la batalla, hizo que el ejército francés se situase donde él quería y atacase. Cartografía de Carlos de la Rocha. Ilustración de ªRU-MOR. En la imagen, El desafío de Barletta.

“La segunda campaña: de las luminarias de Ceriñola a la victoria final en el Garellano” por José Manuel Mollá Ayuso

Don Gonzalo Fernández de Córdoba, tras la victoria en Ceriñola, obtenida con un ejército muy inferior en número pero actuando con principios y procedimientos más propios de décadas futuras, llevó a cabo en el Garellano una larga campaña en la que proyectó todo su genio militar. Jugando otra vez magistralmente con los tempos, la concentración de recursos y la maniobra, volvió a sorprender a propios y extraños en su última acción en Italia. Cartografía de Carlos de la Rocha. Ilustración de Ganbat Badamkhand. En la imagen, mapa de la batalla de Garellano.

“Las cuentas del Gran Capitán, entre el mito y la realidad” por Hugo Vázquez Bravo (Universidad de Oviedo)

El enfrentamiento entre el Gran Capitán y Fernando el Católico, propiciado por la liberalidad del primero para con sus soldados, llegó a su punto álgido cuando ambos personajes se encontraron frente a frente en Nápoles a finales de 1506. De los dimes y diretes durante la entrevista nació el mito de las cuentas del Gran Capitán, mediante las cuales el general español ridiculizó la petición regia de hacerle justificar sus gastos militares. Sin embargo, como en toda leyenda, la tradición tiene algo de verdad. En la imagen, El Gran Capitán recorriendo el campo de la batalla de Ceriñola.

Introduciendo el n.º 20, “JEB Stuart y la controversia de Gettysburg” por Jeffry D. Wert

Tras la retirada desde Gettysburg, fueron pocos los confederados que atribuyeron la derrota táctica y las elevadas bajas sufridas a las proezas combativas del ejército unionista del Potomac, y muchos oficiales y hombres culparon de lo sucedido a sus altos mandos. Ni el propio Robert E. Lee se libró de las críticas y, aunque hubo acusaciones para cada uno de los jefes de cuerpo –James Longstreet, Richard S. Ewell y Ambrose Powell Hill–, gran parte de las condenas iniciales recayeron sobre el comandante de la caballería, el general James Ewell Brown “JEB” Stuart. De hecho, es muy probable que la censura contra este fuera la más extendida. Cartografía de David Sancho Bello. Ilustración de Don Troiani. En la imagen, JEB Stuart a caballo.

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