Gustavo Adolfo y la Guerra de los 30 años, Desperta Ferro

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La impronta de Gustavo Adolfo se deja sentir en tres fenómenos históricos que, sin duda, trascienden su persona y su relativamente corto reinado y justifican su interés: la formación de Suecia como estado moderno y potencia internacional, la denominada “revolución militar” que transformó el concepto renacentista del oficio de las armas y la propia Guerra de los Treinta Años. La intervención de Gustavo Adolfo en Alemania que hundió al continente aún más en la tragedia. Sin embargo, el estatus de potencia regional expansionista al que el monarca aupó a Suecia fue posible gracias a que convirtió al ejército sueco en una maquinaria bélica digna de respeto por medio de una serie de reformas militares. En estas páginas veremos a un personaje no exento de controversia, protagonista consciente de las transformaciones de su tiempo.

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Descripción

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GUSTAVO ADOLFO Y LA GUERRA DE LOS 30 AÑOS
DESPERTA FERRO HISTORIA MODERNA Nº27:
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Título: Especial «Los Tercios 1600 – 1660»
Autor: Despertaferro Ediciones. Historia Moderna

Número especial dedicado íntegramente a los Tercios en los años 1600 al 1660. Tácticas y armamento, estrategia de la monarquía, el Sitio de Breda, el destino de un soldado y mucho más…

 

 

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«El Gran Capitán», Desperta Ferro
«El Gran Capitán», Desperta Ferro
«El Gran Capitán», Desperta Ferro

Título: El Gran Capitán
Autor: Despertaferro Ediciones. Historia Moderna

Con los siguientes artículos

“Italia antes del Gran Capitán” por Giovanni Muto (Università Federico II di Napoli)

En 1441 Alfonso el Magnánimo, tras una larga lucha contra los partidarios de la dinastía de Anjou, conquistó Nápoles; a partir de ese momento el reino napolitano sufrió una metamorfosis y pasó a convertirse en una de las potencias de la península itálica. Sin embargo, ese tiempo de bonanza duró poco tiempo. El tablero político italiano del Renacimiento era extremadamente cruel y las alianzas prontamente se olvidaban para dar paso al enfrentamiento. A la llegada de don Gonzalo Fernández de Córdoba, además un peligro externo se había cernido sobre toda Italia. Cartografía de Carlos de la Rocha. En la imagen, mapa de la península itálica en 1494.

“Los años de formación de Gonzalo Fernández de Córdoba” por Almudena Blasco Vallés (Institut d’Estudis Medievals-UAB)

Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado desde su primera campaña en Italia el Gran Capitán, nació en Montilla en 1453, en el seno de una familia afincada en tierras de La Bética generaciones atrás. Entró a servir en la Casa Real muy joven, pero la mala fortuna le llevó a tener que abandonarla. Sin embargo, las enseñanzas que había aprendido y las nuevas oportunidades que le brindó la Guerra de Granada (1482-1492), además de un parentesco fortuito pero muy provechoso, le permitieron avanzar en la escala social y codearse con los Reyes Católicos y con Boabdil, último rey nazarí. En la imagen, Retrato del Gran Capitán.

“El arte de la guerra y el Gran Capitán” por Eduardo de Mesa Gallego (Fundación Carlos de Amberes)

Las innovaciones militares que puso en práctica don Gonzalo Fernández de Córdoba durante los primeros compases de las campañas de Italia representaron la última evolución del arte de la guerra durante el siglo XV. A partir de ese momento, tanto sus actores como sus formas y medios cambiaron por completo y para siempre. Gracias al Gran Capitán, el mundo contemplaría el nacimiento de la estrategia y la táctica modernas, en las que los infantes españoles hicieron un uso cada vez más extendido de las armas de fuego. Ilustración de José Luis García Morán. En la imagen, Panoplia de un infante español de principios del siglo XVI.

“La primera guerra italiana” por Alberto Raúl Esteban Ribas

Cuando el rey Carlos VIII de Francia firmó el tratado de Barcelona con Fernando el Católico, creyó que así tendría garantizada la paz con Aragón. Poco se imaginaba que su intento de apoderarse de Nápoles iba a iniciar el largo conflicto de las guerras de Italia (1494-1559), que dirimirían el devenir de la lucha por la hegemonía europea por más de dos siglos. La primera campaña empezó con una derrota para don Gonzalo, la única de su carrera, pero, gracias a sus habilidades, tesón y conocimientos militares, logró cambiar por completo la dirección de la contienda. Cartografía de Carlos de la Rocha. En la imagen, mapa de la primera campaña de Italia.

“La segunda campaña: de la conquista de Tarento a la batalla de Ceriñola” por José María Sánchez de Toca

La segunda campaña empezó a consecuencia de las dificultades que se dieron en el reparto del Reino de Nápoles entre Luis XII de Francia y Fernando el Católico, que en muy poco tiempo llevaron a la guerra abierta entre ambas potencias. Durante estas operaciones, el Gran Capitán volvió a poner de manifiesto su facilidad para explotar los medios que tenía a mano y, así, obtener la victoria. El maestro de la estrategia concentró gradualmente sus tropas y, cuando consideró que estaba preparado para la batalla, hizo que el ejército francés se situase donde él quería y atacase. Cartografía de Carlos de la Rocha. Ilustración de ªRU-MOR. En la imagen, El desafío de Barletta.

“La segunda campaña: de las luminarias de Ceriñola a la victoria final en el Garellano” por José Manuel Mollá Ayuso

Don Gonzalo Fernández de Córdoba, tras la victoria en Ceriñola, obtenida con un ejército muy inferior en número pero actuando con principios y procedimientos más propios de décadas futuras, llevó a cabo en el Garellano una larga campaña en la que proyectó todo su genio militar. Jugando otra vez magistralmente con los tempos, la concentración de recursos y la maniobra, volvió a sorprender a propios y extraños en su última acción en Italia. Cartografía de Carlos de la Rocha. Ilustración de Ganbat Badamkhand. En la imagen, mapa de la batalla de Garellano.

“Las cuentas del Gran Capitán, entre el mito y la realidad” por Hugo Vázquez Bravo (Universidad de Oviedo)

El enfrentamiento entre el Gran Capitán y Fernando el Católico, propiciado por la liberalidad del primero para con sus soldados, llegó a su punto álgido cuando ambos personajes se encontraron frente a frente en Nápoles a finales de 1506. De los dimes y diretes durante la entrevista nació el mito de las cuentas del Gran Capitán, mediante las cuales el general español ridiculizó la petición regia de hacerle justificar sus gastos militares. Sin embargo, como en toda leyenda, la tradición tiene algo de verdad. En la imagen, El Gran Capitán recorriendo el campo de la batalla de Ceriñola.

Introduciendo el n.º 20, “JEB Stuart y la controversia de Gettysburg” por Jeffry D. Wert

Tras la retirada desde Gettysburg, fueron pocos los confederados que atribuyeron la derrota táctica y las elevadas bajas sufridas a las proezas combativas del ejército unionista del Potomac, y muchos oficiales y hombres culparon de lo sucedido a sus altos mandos. Ni el propio Robert E. Lee se libró de las críticas y, aunque hubo acusaciones para cada uno de los jefes de cuerpo –James Longstreet, Richard S. Ewell y Ambrose Powell Hill–, gran parte de las condenas iniciales recayeron sobre el comandante de la caballería, el general James Ewell Brown “JEB” Stuart. De hecho, es muy probable que la censura contra este fuera la más extendida. Cartografía de David Sancho Bello. Ilustración de Don Troiani. En la imagen, JEB Stuart a caballo.

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«Los Tercios (IV) America ss XVI – XVIII», Desperta Ferro
«Los Tercios (IV) America ss XVI – XVIII», Desperta Ferro
«Los Tercios (IV) America ss XVI – XVIII», Desperta Ferro

Título: Especial «Los Tercios (IV) America ss XVI – XVIII»
Autor: Despertaferro Ediciones. Historia Moderna

Los reinos de las Indias occidentales en la Monarquía Hispánica por José Javier Ruiz Ibáñez (Universidad de Murcia)

Uno de los elementos que llama más la atención en la expansión imperial ibérica es la rapidez con que se asentó en América el sistema administrativo de la Corona, así como la estabilidad de su dominio sobre unos espacios cuyo control político y militar parecía extremadamente difícil debido a su extensión. Entre finales de la década de 1510 y principios de la de 1560, españoles y portugueses habían consolidado las grandes líneas de su posición en lo que llamaban Indias Occidentales, que perdurarían sin mayores interrupciones, al menos, hasta el siglo XIX.

Las peculiaridades de la guerra en América por Davide Maffi (Università de Pavia)

Tras la rápida conquista de los viejos imperios amerindios, la Corona española tuvo que hacer frente a dos tipos de guerra en el nuevo continente: la primera, la clásica guerra colonial contra de las tribus indias que todavía resistían a los conquistadores en el corazón de América; la segunda, una guerra defensiva para poder hacer frente a las incursiones de las otras potencias europeas y a los ataques de los corsarios y piratas a los nuevos centros caribeños y de la costa.

El sistema defensivo americano durante los siglos XVI y XVII por Rafal Reichert (Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas)

Desde 1522, cuando el corsario francés Juan Florín asaltó en las cercanías de las islas Azores los barcos cargados de tesoros de la conquista de Tenochtitlán, el mundo europeo “comprobó” las leyendas que corrían sobre las grandes riquezas del Nuevo Mundo, provocando así el interés de Francia, Inglaterra, así como de la rebelde Holanda. Al concluir la primera etapa de la conquista, Carlos V ordenó la organización de las primeras unidades de autodefensa, obligando a los vecinos de puertos y villas de la América española a que “tomasen las armas e hiciesen ejercicios militares organizados en milicias”.

La guerra chichimeca: cuando “a fuego y sangre” no lo es todo por Alberto Raúl Esteban Ribas

Más allá del Cem Ānáhuac existían unas tierras áridas, duras como sus pobladores, tribus de cazadores y recolectores, que defendieron su libertad y modo de vida en un terrible conflicto que duró más de cuarenta años. La penetración hispana motivó una agresiva política hacia las tierras norteñas; un primer intento, llevado a cabo en 1528-1531 por Nuño de Guzmán, desembocó en la Guerra del Mixtón (1541-1551), que demostró la resistencia de caxcanes y zacatecos así como las enormes dificultades que padecieron los españoles en un entorno como el mesoárido mexicano.

Milicias indígenas en la América colonial por Raquel Eréndira Güereca Durán (Universidad Autónoma de México)

Las milicias indígenas desempeñaron diversas funciones ofensivas y defensivas. Entre las primeras, destaca su participación en las entradas para vencer la resistencia de los indígenas no sometidos y expandir los dominios del rey. Tocaba a estas milicias participar también en las entradas para castigar a aquellos indios insumisos que habitaban más allá de la frontera hispana. En este sentido, fue de vital importancia el auxilio prestado en la lucha contra el enemigo extranjero. Las milicias guaraníes participaron con frecuencia en el desalojo de portugueses, que ingresaban ilegalmente en territorio español, estableciendo vaquerías o pequeños poblados fortificado También fue común que estas fuerzas fueran empleadas para perseguir y castigar a los indios “domésticos”, aquellos ya integrados en el sistema colonial, que organizaban tumultos, rebeliones o cometían delitos menores, como el robo de ganado o el asalto a viandantes en caminos solitarios.

Los castillos “de morro” y la fortificación de la frontera marítima hispánica por Fernando Cobos Guerra

A finales del siglo XVI, Felipe II, como rey de Castilla, Aragón y Portugal, decide trasladar al Atlántico y a las costas de América específicamente, un sistema global de fortificaciones cuyas bases estratégicas y técnicas habían sido ya desarrolladas y probadas en el Mediterráneo. Este sistema partía de unas necesidades de ubicación y de una estrategia de defensa que condicionaron de tal manera el modelo de fortificaciones a construir que, aun siendo todas distintas por su proverbial adaptación al terreno, son perfectamente reconocibles como tipo. Llamados algunas veces castillos “de morro”, fueron durante más de 200 años la más eficaz arma defensiva del Imperio marítimo español.

La guerra de Chile en el siglo XVII por Hugo Contreras Cruces (Pontífica Universidad Católica de Chile)

La mañana del 24 de diciembre de 1598 no empezó bien para los españoles que habitaban las ciudades del sur de Chile. Un sorpresivo ataque en los campos de Curalaba, una localidad cercana a la ciudad de Purén, sorprendió al gobernador don Martín García Óñez de Loyola. Este, quien había capturado al último inca de Vilcabamba, Túpac Amaru, y desposado a doña Beatriz Clara Coya, una joven heredera indígena perteneciente a la antigua elite cuzqueña, fue muerto junto con los cincuenta soldados que le acompañaban. Con dicho triunfo comenzó la más grande y violenta rebelión indígena de la que los españoles tuvieran memoria desde que arribaron a Chile en 1540.

El componente humano en la defensa de Indias por Antonio José Rodríguez Hernández (UNED)

El modelo de ejército presente en América fue diferente del más habitual y conocido. En realidad no fueron demasiados los reclutas enviados a América en todo este periodo, debido a que no existió un gran ejército profesional y de intervención, con miles de efectivos, al estilo de los que la Monarquía Hispánica disponía en Europa, como el de Flandes. El sistema existente fue acorde a los riesgos reales y a las posibilidades económicas de España, asolada por numerosos enemigos. Sí que hubo soldados profesionales, pagados por el rey y movilizados todo el año, pero la mayoría de ellos se encontraban en guarniciones estáticas que aglutinaban unas pocas compañías, como mucho de varios centenares de hombres, repartidas por todo el continente, y que, al igual que en España, Italia o África, se denominaban “presidios”.

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«Carlos V y la Liga Esmacalda», Desperta Ferro
«Carlos V y la Liga Esmacalda», Desperta Ferro
«Carlos V y la Liga Esmacalda», Desperta Ferro

Título: Carlos V y la Liga Esmacalda.
Autor: Despertaferro Ediciones. Historia Moderna
La Liga de Esmalcalda fue una unión de príncipes protestantes del Sacro Imperio Romano Germánico que se creó en el siglo XVI para defender sus territorios y luchar contra el Emperador y rey Carlos V, defensor del catolicismo frente a la Reforma luterana. Toma su nombre de una ciudad alemana.

Este es «el comienzo» para entender otras guerras posteriores y muy cercanas geográficamente. La solución a medias de este conflicto conllevó, por una u otra vía, que se reprodujeran otros derivados de éste con más virulencia si cabe.

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La conquista del Perú, Desperta Ferro
La conquista del Perú, Desperta Ferro
La conquista del Perú, Desperta Ferro

Tras años de arduas exploraciones y con el beneplácito de Carlos I, Francisco Pizarro y Diego de Almagro, dos veteranos conquistadores, emprendieron la conquista del Perú, la invasión del más extenso, poderoso y rico imperio precolombino, el de los incas, una sociedad compleja de grandes constructores que todavía unos años atrás se encontraba en fase expansiva, pero que, en vísperas de la conquista, se hallaba sumida en una guerra intestina entre dos hijos del último emperador, o inca, previo al contacto con los españoles, Atahualpa y Huáscar.

No fue tanto la superioridad de las armas europeas como la crisis que vivía el Imperio inca lo que propició que un puñado de aventureros, muchos de ellos sin experiencia en conflictos fuera de las Indias, doblegasen a un Estado capaz de movilizar a decenas de miles de guerreros. A pesar de todo, la sorprendente victoria hispánica en Cajamarca (16 de noviembre de 1532), que se saldó con la captura de Atahualpa, fue solo el primer episodio de la conquista del Perú.

Los incas estuvieron a punto de exterminar a los conquistadores en 1536, cuando se rebelaron bajo el liderazgo de Manco Inca, hermano de Atahualpa y de Huáscar. La amenaza del inca, atrincherado en Vilcabamba tras el fracaso de su asedio sobre Cuzco, no fue óbice para que Pizarro y Almagro se enzarzasen en una agria disputa por el botín que marcaría el inicio de una década de guerras civiles, primero entre los conquistadores y luego entre estos y los leales a la Corona, que se cobrarían la vida de sus principales protagonistas. La autoridad real no quedaría afianzada hasta el gobierno del virrey Francisco de Toledo (1569-1581), que establecería definitivamente la arquitectura organizativa del virreinato.

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Montaña Blanca 1620
Montaña Blanca 1620

El 8 de noviembre de 1620 se libró en una colina a las afueras de Praga, la Montaña Blanca, una de las batallas mas decisivas de la historia de Europa central. El ejército de los Estados protestantes de Bohemia y Moravia, con el apoyo de tropas alemanas, transilvanas y mercenarios oriundos de toda la Europa protestante,se enfrentó a las fuerzas del emperador Fernando II, que contaba con el valioso apoyo de Felipe II de España y la liga católica alemana liderada por el duque Maximiliano de Baviera. Un siglo después del inicio de la reforma de Lutero, católicos y protestantes creían que el enfrentamiento definitivo había llegado. Decenios de pequeñas disputas atenuadas por una política de apacigüamiento desembocaron en un estallido dramático de la tensión acumulada cuando, el 23 de mayo de 1618, un grupo de nobles bohemios protestantes arrojó por una ventana de la cancillería de Bohemia a dos representantes de la corona y a su secretario,todos ellos católicos.Comenzaba así una revuelta que sucumbía, dos años y medio después, a las puertas de Praga. El triunfo imperial en la batalla de Montaña Blanca no sólo restableció plenamente el catolicismo en el reino de Bohemia en todo su esplendor ante el ascenso a Austria comos del desenlace de las guerras Husitas en el siglo XV, sino que a su vez se marcó el inicio del ascenso de Austria como gran potencia en Europa central.

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