Montaña Blanca 1620

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El 8 de noviembre de 1620 se libró en una colina a las afueras de Praga, la Montaña Blanca, una de las batallas mas decisivas de la historia de Europa central. El ejército de los Estados protestantes de Bohemia y Moravia, con el apoyo de tropas alemanas, transilvanas y mercenarios oriundos de toda la Europa protestante, se enfrentó a las fuerzas del Emperador Fernando II, que contaba con el valioso apoyo de Felipe II de España y la liga católica alemana liderada por el duque Maximiliano de Baviera. Un siglo después del inicio de la reforma de Lutero, católicos y protestantes creían que el enfrentamiento definitivo había llegado. Decenios de pequeñas disputas atenuadas por una política de apacigüamiento desembocaron en un estallido dramático de la tensión acumulada cuando, el 23 de mayo de 1618, un grupo de nobles bohemios protestantes arrojó por una ventana de la cancillería de Bohemia a dos representantes de la corona y a su secretario, todos ellos católicos.

Comenzaba así una revuelta que sucumbía, dos años y medio después, a las puertas de Praga. El triunfo imperial en la batalla de Montaña Blanca no sólo restableció plenamente el catolicismo en el reino de Bohemia en todo su esplendor ante el ascenso a Austria comos del desenlace de las guerras Husitas en el siglo XV, sino que a su vez se marcó el inicio del ascenso de Austria como gran potencia en Europa central.

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Montaña Blanca 1620 – Desperta Ferro

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La batalla de Pavía
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La batalla de Pavía

La batalla de Pavía es el símbolo del fin de un forma de hacer la guerra y también de una época. La mañana del 24 de febrero de 1525, en el extenso parque ubicado al norte de la ciudad –antiguo coto de caza de los duques de Milán–, la caballería pesada francesa, la mejor fuerza militar de Europa, fue masacrada en pocos minutos por infantes españoles equipados con arcabuces. El arma de fuego, que tres años atrás, en Bicoca, ya había sentenciado a las pesadas falanges suizas, demostraba de nuevo su primacía. Se inauguraba el reinado de lo que, pocos años más tarde, sería bautizado como Tercio. En paralelo, el apresamiento en el campo de batalla de Francisco I de Francia marcó un nuevo hito en el duelo que libraba éste con el Carlos I de España.

Si bien la batalla Pavía no supuso el fin de la Guerra de los 4 reyes (Francisco I y Carlos I, primero, y Enrique II y Felipe II, después), sí que dejó el Ducado de Milán bajo la corona española de forma definitiva. La Monarquía de España añadía la otra joya, junto con los Países Bajos, a su corona. Su dos territorios más preciados.

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“Los Tercios (IV) America ss XVI – XVIII”
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Uno de los elementos que llama más la atención en la expansión del Imperio Español es la rapidez con que se asentó en América el sistema administrativo de la Corona, así como la estabilidad de su dominio sobre unos espacios cuyo control político y militar parecía extremadamente difícil debido a su extensión. Entre finales de la década de 1510 y principios de la de 1560, españoles habían consolidado las grandes líneas de su posición en lo que llamaban Indias Occidentales, que perdurarían sin mayores interrupciones, al menos, hasta el siglo XIX.

Por otra parte, tras la rápida conquista de los imperios amerindios apoyados por las propias tribus amenazadas por éstos, la Corona española tuvo que hacer frente a dos tipos de guerra en el nuevo continente: la primera, la clásica guerra de tipo colonial contra de las tribus indias del interior de América que todavía se resistían ser integrados en la corona; la segunda, una guerra defensiva para poder hacer frente a las incursiones de las otras potencias europeas y a los ataques de los corsarios y piratas a los nuevos centros caribeños y de la costa.

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“Los Tercios en el siglo XVI”, Especial Número 5
“Los Tercios en el siglo XVI”, Especial Número 5
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Título: Especial “Los Tercios en el Siglo XVI”
Autor: Despertaferro Ediciones. Historia Moderna

¿Por qué comprarla? Un número especial dedicado íntegramente a los Tercios. El puño invencible de la Monarquía Hispánica que sostuvo su poder durante todo el siglo XVI . De  la mano de los principales investigadores del momento ahondaremos en la génesis, desarrollo y características que convirtieron a los Tercios en las tropas de élite y que demostraron su valor y fiereza en los campos de batalla europeos. Una edición exclusiva de 84 páginas encuadernadas a lomo y con un espectacular aparato gráfico.

 

 

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Spinola y la Guerra de Flandes
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En 1604 concluía, tras más de tres años de lucha, el costoso asedio de Ostende, una verdadera sangría humana y económica que dejaba al borde del agotamiento, tras un cuarto de siglo de combates incesantes, tanto a la Monarquía Hispánica como a las Provincias Unidas. La Guerra de Flandes se había convertido ya en una contienda de asedios y, sobre todo, de desgaste. El frente no experimentaba cambios importantes desde hacía más de un lustro y los recursos escaseaban para ambos bandos. Entonces entró en escena Ambrosio Spínola, un rico aristócrata de la República de Génova que, hastiado de la tediosa vida del patricio comercial, puso todo su talento y su fortuna al servicio de la Monarquía Hispánica. Al mismo tiempo, un noble flamenco, Philippe de Croÿ, conde de Solre, presentaba a los archiduques Alberto e Isabel, en Bruselas, un meticuloso plan bélico que debía romper el empate y obligar a las Provincias Unidas a sentarse a la mesa de negociaciones. De Bruselas, el plan pasó a Madrid, donde obtuvo el visto bueno de Felipe III. Spínola y Solre, con quienes nadie contaba de antemano, cambiaron el curso de una guerra enquistada. El eje de los combates se trasladó de las dunas flamencas y el Brabante densamente fortificado a la retaguardia holandesa. Con una capacidad de maniobra inédita y que marcaría todas sus campañas, Spínola cruzó el Rin y apareció de improviso en la región de Frisia, donde reabrió un frente que los rebeldes creían cerrado. Sir John Throckmorton, un oficial inglés que militaba bajo la bandera las Provincias Unidas, resumió mejor que nadie el golpe de efecto de Spínola “El enemigo no solo nos ha enseñado una nueva lección sobre la guerra, sino también una audacia inusual”. A lo largo de dos campañas, en 1605 y 1606, el genovés se anticipó, una y otra vez, a su adversario por antonomasia, Mauricio de Nassau, y logró robustecer lo suficiente la posición de los Habsburgo como para que en La Haya se aceptase una suspensión de armas que sería la base de la Tregua de los Doce Años, un respiro bienvenido por ambos bandos y sus mermadas finanzas.
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