Piratas en el caribe

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Imaginemos la paz y la quietud de cualquiera de las muchas ciudades del Caribe español. La guardia, a menudo escasa, apenas vigila los derruidos muros, demasiado caros de reparar, y los habitantes duermen en sus casas en espera de lo que deparará el nuevo día. Pero lo que trae el alba es el rugido de los cañones, las descargas de los mosquetes y el sonido metálico de los machetes y de las hachas de abordaje. Lo que al principio no fue sino otra forma de guerra, el corso, patrocinada por los estados que jugaban al ajedrez fue transformándose, poco a poco, en descarnada piratería.

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La Armada Española (II) -La era de los descubrimientos
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La era de las exploraciones y descubrimientos es uno de los momentos clave en la historia de la humanidad.Los viajes que emprendieron por mar desde el siglo XV los navegantes de Castilla y Portugal no sólo transformaron radicalmente  el conocimiento que los europeos poseían del mundo,sino que,precisamente por ello,marcaron el inicio de la primera globalización con la interconexión de los continentes y,por ende,el inicio de la Edad Moderna.Se trata de una empresa que ha fascinado desde sus propios orígenes,cuando un puñado de marinos se lanzaban a surcar la inmensidad de los oceános en pequeñas naves de madera.

La precariedad y la incertidumbre eran constantes en singladuras que los alejaban durante años de sus hogares y del mundo conocido,y de las que pocos regresaron.Estos marinos han sido comparados con los actuales astronautas.Con ocasión del quinto centenario de uno de aquellos hitos,el inicio de la primera circunnavegación del globo,Desperta Ferro presenta este volumen,segundo  de los dedicados a la Armada española,que profundiza en los entresijos y las múltiples facetas de la empresa descubridora.

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Spinola y la Guerra de Flandes
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Spinola y la Guerra de Flandes
En 1604 concluía, tras más de tres años de lucha, el costoso asedio de Ostende, una verdadera sangría humana y económica que dejaba al borde del agotamiento, tras un cuarto de siglo de combates incesantes, tanto a la Monarquía Hispánica como a las Provincias Unidas. La Guerra de Flandes se había convertido ya en una contienda de asedios y, sobre todo, de desgaste. El frente no experimentaba cambios importantes desde hacía más de un lustro y los recursos escaseaban para ambos bandos. Entonces entró en escena Ambrosio Spínola, un rico aristócrata de la República de Génova que, hastiado de la tediosa vida del patricio comercial, puso todo su talento y su fortuna al servicio de la Monarquía Hispánica. Al mismo tiempo, un noble flamenco, Philippe de Croÿ, conde de Solre, presentaba a los archiduques Alberto e Isabel, en Bruselas, un meticuloso plan bélico que debía romper el empate y obligar a las Provincias Unidas a sentarse a la mesa de negociaciones. De Bruselas, el plan pasó a Madrid, donde obtuvo el visto bueno de Felipe III. Spínola y Solre, con quienes nadie contaba de antemano, cambiaron el curso de una guerra enquistada. El eje de los combates se trasladó de las dunas flamencas y el Brabante densamente fortificado a la retaguardia holandesa. Con una capacidad de maniobra inédita y que marcaría todas sus campañas, Spínola cruzó el Rin y apareció de improviso en la región de Frisia, donde reabrió un frente que los rebeldes creían cerrado. Sir John Throckmorton, un oficial inglés que militaba bajo la bandera las Provincias Unidas, resumió mejor que nadie el golpe de efecto de Spínola “El enemigo no solo nos ha enseñado una nueva lección sobre la guerra, sino también una audacia inusual”. A lo largo de dos campañas, en 1605 y 1606, el genovés se anticipó, una y otra vez, a su adversario por antonomasia, Mauricio de Nassau, y logró robustecer lo suficiente la posición de los Habsburgo como para que en La Haya se aceptase una suspensión de armas que sería la base de la Tregua de los Doce Años, un respiro bienvenido por ambos bandos y sus mermadas finanzas.
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Infante Marina Español
Infante Marina Español
Infante Marina Español

Los infantes de marina comprendían fusileros y granaderos, los primeros eran los más habituales y numerosos y daban el poder de fuego con sus mosquetes en los abordajes y combates navales. En la imagen un custom de infante de Marina español de mediados del siglo XVIII. Estos soldados no se consideraban marinos, sino soldados que combatían en un barco en vez de hacerlo en tierra, de ahí su uniformidad parecida a la del cuerpo terrestre. La diferencia más notable era la casaca siempre azul de los embarcados. La infantería de marina, aunque eran soldados y así se sentían, podían ser requeridos también para trabajos más acordes con la gente de mar.

Los enrolados en la Armada de Barlovento tenían como propósito principal proteger las posesiones y rutas mercantiles españolas en el Golfo de México y las llamadas “Islas de Barlovento”, que se encuentran en el Caribe, tanto de los enemigos europeos, como de los piratas y corsarios.

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armada española V
La Armada española (V): 1650-1700

La batalla de las Dunas de 1639 no fue el fin de la armada de la Monarquía Hispánica. Aunque debilitada, entre 1650 y 1700 la Armada española de Carlos II siguió desempeñando un papel fundamental en el funcionamiento del sistema imperial español. Las dificultades económicas y la creciente amenaza francesa obligaron a la Corona, en la segunda mitad del siglo XVII, a depender cada vez más del asiento de buques –lo que se tradujo en una privatización fáctica de la marina– y al apoyo naval de aliados –en especial las Provincias Unidas, que, tras el reconocimiento de su independencia en 1648, iniciaron una aproximación hacia España, temerosas del expansionismo de Luis XIV–. Los grandes buques de combate constituían inversiones muy costosas para una monarquía sumida en una crisis constante, por lo que, ante el temor de perderlas en batalla ante un enemigo que podía reponerlos con mayor facilidad, los almirantes de Carlos II optaron casi siempre por rehuir el combate y limitar sus operaciones al transporte de tropas y caudales entre los dispersos territorios del imperio, una estrategia que dio mejores resultados de lo que cabría imaginar y contribuyó a la supervivencia de la monarquía prácticamente intacta a la muerte del último Austria. Pese a la evidente decadencia, en esta época se pusieron algunas de las bases de la posterior recuperación de la marina española con la dinastía borbónica, como la creación de una institución para la formación de pilotos –el Colegio de San Telmo– y el desarrollo, merced a marinos como Antonio de Gaztañeta, de diseños navales en consonancia con las necesidades militares de un Estado que aspiraba a seguir siendo una potencia de primer orden. Todo ello contribuyó al renacer naval del siglo XVIII, que abordaremos en futuros números de esta serie dedicada a la Armada española. (V)

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