Spinola y la Guerra de Flandes, Desperta Ferro

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En 1604 concluía, tras más de tres años de lucha, el costoso asedio de Ostende, una verdadera sangría humana y económica que dejaba al borde del agotamiento, tras un cuarto de siglo de combates incesantes, tanto a la Monarquía Hispánica como a las Provincias Unidas. La Guerra de Flandes se había convertido ya en una contienda de asedios y, sobre todo, de desgaste. El frente no experimentaba cambios importantes desde hacía más de un lustro y los recursos escaseaban para ambos bandos. Entonces entró en escena Ambrosio Spínola, un rico aristócrata de la República de Génova que, hastiado de la tediosa vida del patricio comercial, puso todo su talento y su fortuna al servicio de la Monarquía Hispánica. Al mismo tiempo, un noble flamenco, Philippe de Croÿ, conde de Solre, presentaba a los archiduques Alberto e Isabel, en Bruselas, un meticuloso plan bélico que debía romper el empate y obligar a las Provincias Unidas a sentarse a la mesa de negociaciones. De Bruselas, el plan pasó a Madrid, donde obtuvo el visto bueno de Felipe III. Spínola y Solre, con quienes nadie contaba de antemano, cambiaron el curso de una guerra enquistada. El eje de los combates se trasladó de las dunas flamencas y el Brabante densamente fortificado a la retaguardia holandesa. Con una capacidad de maniobra inédita y que marcaría todas sus campañas, Spínola cruzó el Rin y apareció de improviso en la región de Frisia, donde reabrió un frente que los rebeldes creían cerrado. Sir John Throckmorton, un oficial inglés que militaba bajo la bandera las Provincias Unidas, resumió mejor que nadie el golpe de efecto de Spínola “El enemigo no solo nos ha enseñado una nueva lección sobre la guerra, sino también una audacia inusual”. A lo largo de dos campañas, en 1605 y 1606, el genovés se anticipó, una y otra vez, a su adversario por antonomasia, Mauricio de Nassau, y logró robustecer lo suficiente la posición de los Habsburgo como para que en La Haya se aceptase una suspensión de armas que sería la base de la Tregua de los Doce Años, un respiro bienvenido por ambos bandos y sus mermadas finanzas.

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«Los Tercios (IV) America ss XVI – XVIII», Desperta Ferro
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Título: Especial «Los Tercios (IV) America ss XVI – XVIII»
Autor: Despertaferro Ediciones. Historia Moderna

Los reinos de las Indias occidentales en la Monarquía Hispánica por José Javier Ruiz Ibáñez (Universidad de Murcia)

Uno de los elementos que llama más la atención en la expansión imperial ibérica es la rapidez con que se asentó en América el sistema administrativo de la Corona, así como la estabilidad de su dominio sobre unos espacios cuyo control político y militar parecía extremadamente difícil debido a su extensión. Entre finales de la década de 1510 y principios de la de 1560, españoles y portugueses habían consolidado las grandes líneas de su posición en lo que llamaban Indias Occidentales, que perdurarían sin mayores interrupciones, al menos, hasta el siglo XIX.

Las peculiaridades de la guerra en América por Davide Maffi (Università de Pavia)

Tras la rápida conquista de los viejos imperios amerindios, la Corona española tuvo que hacer frente a dos tipos de guerra en el nuevo continente: la primera, la clásica guerra colonial contra de las tribus indias que todavía resistían a los conquistadores en el corazón de América; la segunda, una guerra defensiva para poder hacer frente a las incursiones de las otras potencias europeas y a los ataques de los corsarios y piratas a los nuevos centros caribeños y de la costa.

El sistema defensivo americano durante los siglos XVI y XVII por Rafal Reichert (Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas)

Desde 1522, cuando el corsario francés Juan Florín asaltó en las cercanías de las islas Azores los barcos cargados de tesoros de la conquista de Tenochtitlán, el mundo europeo “comprobó” las leyendas que corrían sobre las grandes riquezas del Nuevo Mundo, provocando así el interés de Francia, Inglaterra, así como de la rebelde Holanda. Al concluir la primera etapa de la conquista, Carlos V ordenó la organización de las primeras unidades de autodefensa, obligando a los vecinos de puertos y villas de la América española a que “tomasen las armas e hiciesen ejercicios militares organizados en milicias”.

La guerra chichimeca: cuando “a fuego y sangre” no lo es todo por Alberto Raúl Esteban Ribas

Más allá del Cem Ānáhuac existían unas tierras áridas, duras como sus pobladores, tribus de cazadores y recolectores, que defendieron su libertad y modo de vida en un terrible conflicto que duró más de cuarenta años. La penetración hispana motivó una agresiva política hacia las tierras norteñas; un primer intento, llevado a cabo en 1528-1531 por Nuño de Guzmán, desembocó en la Guerra del Mixtón (1541-1551), que demostró la resistencia de caxcanes y zacatecos así como las enormes dificultades que padecieron los españoles en un entorno como el mesoárido mexicano.

Milicias indígenas en la América colonial por Raquel Eréndira Güereca Durán (Universidad Autónoma de México)

Las milicias indígenas desempeñaron diversas funciones ofensivas y defensivas. Entre las primeras, destaca su participación en las entradas para vencer la resistencia de los indígenas no sometidos y expandir los dominios del rey. Tocaba a estas milicias participar también en las entradas para castigar a aquellos indios insumisos que habitaban más allá de la frontera hispana. En este sentido, fue de vital importancia el auxilio prestado en la lucha contra el enemigo extranjero. Las milicias guaraníes participaron con frecuencia en el desalojo de portugueses, que ingresaban ilegalmente en territorio español, estableciendo vaquerías o pequeños poblados fortificado También fue común que estas fuerzas fueran empleadas para perseguir y castigar a los indios “domésticos”, aquellos ya integrados en el sistema colonial, que organizaban tumultos, rebeliones o cometían delitos menores, como el robo de ganado o el asalto a viandantes en caminos solitarios.

Los castillos “de morro” y la fortificación de la frontera marítima hispánica por Fernando Cobos Guerra

A finales del siglo XVI, Felipe II, como rey de Castilla, Aragón y Portugal, decide trasladar al Atlántico y a las costas de América específicamente, un sistema global de fortificaciones cuyas bases estratégicas y técnicas habían sido ya desarrolladas y probadas en el Mediterráneo. Este sistema partía de unas necesidades de ubicación y de una estrategia de defensa que condicionaron de tal manera el modelo de fortificaciones a construir que, aun siendo todas distintas por su proverbial adaptación al terreno, son perfectamente reconocibles como tipo. Llamados algunas veces castillos “de morro”, fueron durante más de 200 años la más eficaz arma defensiva del Imperio marítimo español.

La guerra de Chile en el siglo XVII por Hugo Contreras Cruces (Pontífica Universidad Católica de Chile)

La mañana del 24 de diciembre de 1598 no empezó bien para los españoles que habitaban las ciudades del sur de Chile. Un sorpresivo ataque en los campos de Curalaba, una localidad cercana a la ciudad de Purén, sorprendió al gobernador don Martín García Óñez de Loyola. Este, quien había capturado al último inca de Vilcabamba, Túpac Amaru, y desposado a doña Beatriz Clara Coya, una joven heredera indígena perteneciente a la antigua elite cuzqueña, fue muerto junto con los cincuenta soldados que le acompañaban. Con dicho triunfo comenzó la más grande y violenta rebelión indígena de la que los españoles tuvieran memoria desde que arribaron a Chile en 1540.

El componente humano en la defensa de Indias por Antonio José Rodríguez Hernández (UNED)

El modelo de ejército presente en América fue diferente del más habitual y conocido. En realidad no fueron demasiados los reclutas enviados a América en todo este periodo, debido a que no existió un gran ejército profesional y de intervención, con miles de efectivos, al estilo de los que la Monarquía Hispánica disponía en Europa, como el de Flandes. El sistema existente fue acorde a los riesgos reales y a las posibilidades económicas de España, asolada por numerosos enemigos. Sí que hubo soldados profesionales, pagados por el rey y movilizados todo el año, pero la mayoría de ellos se encontraban en guarniciones estáticas que aglutinaban unas pocas compañías, como mucho de varios centenares de hombres, repartidas por todo el continente, y que, al igual que en España, Italia o África, se denominaban “presidios”.

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«El Gran Capitán», Desperta Ferro
«El Gran Capitán», Desperta Ferro
«El Gran Capitán», Desperta Ferro

Título: El Gran Capitán
Autor: Despertaferro Ediciones. Historia Moderna

Con los siguientes artículos

“Italia antes del Gran Capitán” por Giovanni Muto (Università Federico II di Napoli)

En 1441 Alfonso el Magnánimo, tras una larga lucha contra los partidarios de la dinastía de Anjou, conquistó Nápoles; a partir de ese momento el reino napolitano sufrió una metamorfosis y pasó a convertirse en una de las potencias de la península itálica. Sin embargo, ese tiempo de bonanza duró poco tiempo. El tablero político italiano del Renacimiento era extremadamente cruel y las alianzas prontamente se olvidaban para dar paso al enfrentamiento. A la llegada de don Gonzalo Fernández de Córdoba, además un peligro externo se había cernido sobre toda Italia. Cartografía de Carlos de la Rocha. En la imagen, mapa de la península itálica en 1494.

“Los años de formación de Gonzalo Fernández de Córdoba” por Almudena Blasco Vallés (Institut d’Estudis Medievals-UAB)

Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado desde su primera campaña en Italia el Gran Capitán, nació en Montilla en 1453, en el seno de una familia afincada en tierras de La Bética generaciones atrás. Entró a servir en la Casa Real muy joven, pero la mala fortuna le llevó a tener que abandonarla. Sin embargo, las enseñanzas que había aprendido y las nuevas oportunidades que le brindó la Guerra de Granada (1482-1492), además de un parentesco fortuito pero muy provechoso, le permitieron avanzar en la escala social y codearse con los Reyes Católicos y con Boabdil, último rey nazarí. En la imagen, Retrato del Gran Capitán.

“El arte de la guerra y el Gran Capitán” por Eduardo de Mesa Gallego (Fundación Carlos de Amberes)

Las innovaciones militares que puso en práctica don Gonzalo Fernández de Córdoba durante los primeros compases de las campañas de Italia representaron la última evolución del arte de la guerra durante el siglo XV. A partir de ese momento, tanto sus actores como sus formas y medios cambiaron por completo y para siempre. Gracias al Gran Capitán, el mundo contemplaría el nacimiento de la estrategia y la táctica modernas, en las que los infantes españoles hicieron un uso cada vez más extendido de las armas de fuego. Ilustración de José Luis García Morán. En la imagen, Panoplia de un infante español de principios del siglo XVI.

“La primera guerra italiana” por Alberto Raúl Esteban Ribas

Cuando el rey Carlos VIII de Francia firmó el tratado de Barcelona con Fernando el Católico, creyó que así tendría garantizada la paz con Aragón. Poco se imaginaba que su intento de apoderarse de Nápoles iba a iniciar el largo conflicto de las guerras de Italia (1494-1559), que dirimirían el devenir de la lucha por la hegemonía europea por más de dos siglos. La primera campaña empezó con una derrota para don Gonzalo, la única de su carrera, pero, gracias a sus habilidades, tesón y conocimientos militares, logró cambiar por completo la dirección de la contienda. Cartografía de Carlos de la Rocha. En la imagen, mapa de la primera campaña de Italia.

“La segunda campaña: de la conquista de Tarento a la batalla de Ceriñola” por José María Sánchez de Toca

La segunda campaña empezó a consecuencia de las dificultades que se dieron en el reparto del Reino de Nápoles entre Luis XII de Francia y Fernando el Católico, que en muy poco tiempo llevaron a la guerra abierta entre ambas potencias. Durante estas operaciones, el Gran Capitán volvió a poner de manifiesto su facilidad para explotar los medios que tenía a mano y, así, obtener la victoria. El maestro de la estrategia concentró gradualmente sus tropas y, cuando consideró que estaba preparado para la batalla, hizo que el ejército francés se situase donde él quería y atacase. Cartografía de Carlos de la Rocha. Ilustración de ªRU-MOR. En la imagen, El desafío de Barletta.

“La segunda campaña: de las luminarias de Ceriñola a la victoria final en el Garellano” por José Manuel Mollá Ayuso

Don Gonzalo Fernández de Córdoba, tras la victoria en Ceriñola, obtenida con un ejército muy inferior en número pero actuando con principios y procedimientos más propios de décadas futuras, llevó a cabo en el Garellano una larga campaña en la que proyectó todo su genio militar. Jugando otra vez magistralmente con los tempos, la concentración de recursos y la maniobra, volvió a sorprender a propios y extraños en su última acción en Italia. Cartografía de Carlos de la Rocha. Ilustración de Ganbat Badamkhand. En la imagen, mapa de la batalla de Garellano.

“Las cuentas del Gran Capitán, entre el mito y la realidad” por Hugo Vázquez Bravo (Universidad de Oviedo)

El enfrentamiento entre el Gran Capitán y Fernando el Católico, propiciado por la liberalidad del primero para con sus soldados, llegó a su punto álgido cuando ambos personajes se encontraron frente a frente en Nápoles a finales de 1506. De los dimes y diretes durante la entrevista nació el mito de las cuentas del Gran Capitán, mediante las cuales el general español ridiculizó la petición regia de hacerle justificar sus gastos militares. Sin embargo, como en toda leyenda, la tradición tiene algo de verdad. En la imagen, El Gran Capitán recorriendo el campo de la batalla de Ceriñola.

Introduciendo el n.º 20, “JEB Stuart y la controversia de Gettysburg” por Jeffry D. Wert

Tras la retirada desde Gettysburg, fueron pocos los confederados que atribuyeron la derrota táctica y las elevadas bajas sufridas a las proezas combativas del ejército unionista del Potomac, y muchos oficiales y hombres culparon de lo sucedido a sus altos mandos. Ni el propio Robert E. Lee se libró de las críticas y, aunque hubo acusaciones para cada uno de los jefes de cuerpo –James Longstreet, Richard S. Ewell y Ambrose Powell Hill–, gran parte de las condenas iniciales recayeron sobre el comandante de la caballería, el general James Ewell Brown “JEB” Stuart. De hecho, es muy probable que la censura contra este fuera la más extendida. Cartografía de David Sancho Bello. Ilustración de Don Troiani. En la imagen, JEB Stuart a caballo.

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A la conquista de los Apaches
A la conquista de los Apaches
A la conquista de los Apaches

El «Old Spanish Trail» (Florida-California) empezó a forjarse con Álvar Núñez Cabeza de Vaca a principio del siglo XVI. Él encabezó durante diez años una expedición recorrió el extenso territorio que va desde Río Bravo hasta El Paso, atravesando Texas.

Había llegado en 1527 en una escuadra compuesta por cinco navíos y seiscientos hombres dispuestos a poner pie y a explorar Tierra Firme, concretamente La Florida. Con los precendentes de otros conquistadores estaba en el ánimo de estos pioneros conseguir fortuna. Pero nadie dijo que fuera fácil … la escuadra fue desbaratada por los temporales, disminuida por las deserciones, las enfermedades, la ferocidad combativa de los nativos… Al cabo de un tiempo sólo quedaron un puñado de expedicionarios, Cabeza de Vaca entre ellos, convencidos de actuar en nombre del Emperador Carlos V para tomar posesión de aquellas tierras y predicar a los indígenas la verdad del Evangelio.

Tres siglos depués Florida y California, a través de Texas, quedaban unidas por el <>, que había comenzado precisamente con la difícil aventura de Cabeza de Vaca. Epopeyas difíciles de imaginar en la actualidad.

Pero empecemos por el principio, nuevas tierras, nuevos retos… y dificultades y peligros máximos.

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Especial «La Guerra de los Treinta Años», Desperta Ferro
Especial «La Guerra de los Treinta Años», Desperta Ferro
Especial «La Guerra de los Treinta Años», Desperta Ferro

Título: La Guerra de los Treinta Años. Especial
Autor: Despertaferro Ediciones. Historia Moderna

Caeríamos en un error, los españoles, si pensáramos que la guerra de los 30 años nos fue ajena. En realidad es todo lo contrario. Fue ésta, la guerra de los 30 años y no la de los 80, la que hizo sufrir de verdad a España hasta verse envuelta en aquello que evitaba a toda costa: Una guerra dentro de sus fronteras.

¿Por qué comprarla? La guerra de los treinta años, junto con la I y la II Guerra Mundial, ha sido, seguramente, la guerra más decisiva de cuantas se han desarrollado en suelo europeo. Aunque no fuera una guerra mundial sí lo fue global. La primera de la historia. Conoce todos los detalles tan relevante de este episodio del siglo XVII.

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